Heriberto (Beto) Bodeant 25 años de sacerdocio
El miércoles 19 de octubre, en la Catedral Basílica S. Juan Bautista de la Diócesis de Salto, la Comunidad recibió a Mons. Heriberto (Beto) Bodeant para acompañarlo en la celebración Eucarística, dando gracias por sus 25 años de sacerdocio. Mons. Beto tuvo la feliz idea de ofrecernos, previo a la celebración, un recorrido de la rica historia de su vida que lo llevó hasta el día de la ordenación, desde sus vivencias personales hasta la lista de nombres de quienes intervinieron de alguna manera en camino hacia el sacerdocio.
Estuvo acompañado por el Obispo Diocesano Mons. Pablo Galimberti, el Obispo de la ciudad vecina de Concordia de la Rca. Argentina, un numeroso grupo de sacerdotes diocesanos, diáconos permanentes, seminaristas, y amigos que concurrieron a dar gracias juntos por dicho acontecimiento. En el momento de la predicación Mons. Heriberto nos fue historiando cómo llegó al momento de la decisión final de entregarse a Dios en la vocación sacerdotal, cómo se realizó en él el proceso de encuentro a través de la oración personal con el Cristo a quien le dedicaría el resto de su vida. “¡Cuánto tenemos para agradecer! El Señor sabrá lo que hemos dado o, mejor, lo que Él ha obrado a través de cada uno de nosotros. Pero nosotros sabemos, sin duda, lo mucho que hemos recibido. Y mucho más esperamos recibir. Esperamos que se cumpla lo que Jesús respondió a sus discípulos cuando éstos le dijeron: “nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?”. Jesús les dijo: “todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna” (Mt 19,27.29).
“Heredar la vida eterna”: ése es el “mucho más” que esperamos, por la misericordia del Señor, pero también por nuestro esfuerzo, porque, como dice San Pablo: “no sea que, después de haber predicado a otros, quede yo descalificado” (1ª Co 9,27).
Los 25 años de ministerio sacerdotal nos encuentran, gracias a Dios, con salud, entusiasmo y experiencia. Pero nos hace tomar conciencia de que el tiempo ha pasado y ya no somos tan jóvenes. Pero tenemos que seguir orando, y lo hacemos contemplando a María, guía para nuestro ministerio sacerdotal y para el caminar de todo el Pueblo de Dios.
Al finalizar la Eucaristía, Beto se acercó hasta el grupo de músicos que acompañaban los cantos, empuñó la guitarra y decididamente entonó la canción “Dios a la una” de Reinaldo Daniel Altamirano, entre los aplausos de los presentes, para finalizar luego impartiendo la bendición final y recibiendo el efusivo y caluroso saludo de la Comunidad.












