MONS. TOMÁS GREGORIO CAMACHO

1er.OBISPO DE SALTO

"La Caridad de Cristo nos apremia"

 

Juventud y vocación

Mons. Camacho nació en San José el 16 de febrero de 1858.

Su ambiente familiar estaba enmarcado en la vida que realizaron emigrantes españoles de las Islas Canarias en nuestro país.

Tenía muy buena memoria, característica de la gente de nuestra campaña. Por ello su amistad fue generosa y se extendió a todos. Recordaba apellidos, nombres, apodos, empresas, dolores de quienes vivieron en el último tercio del siglo pasado. Su generosidad germinó en la solidaridad de aquellos pobladores y no cerró sus puertas a quienes eran más necesitados que él.

Su espíritu religioso, que sintió por primera vez en la fe cristiana hogareña, lo llevó a sentir profundamente la devoción y obediencia al Señor del Cielo y a aquellos Santos de la Iglesia y Misterios de Cristo que sentía como pilares de su vida.

Su dedicación a la oración y al encuentro que solía tener con los Sacerdotes de San José, le dio la oportunidad de sentir un camino seguro y útil en su vida: la Vocación Sacerdotal.

Entró al Seminario de Montevideo, guiado por la meta de hacer sentir su Amor a Dios en la tarea de un Sacerdote con dedicación principalmente a los más pobres. Sus estudios eclesiásticos no fueron sólo los que se ejercitan dentro de los Seminarios, sino que, después, en su madurez sacerdotal, lo llevaron a países de Europa para especializarse en algo que siempre tuvo en cuenta: la solución de los problemas socioeconómicos, que lo hizo sentir profundamente la necesidad de abocarse a la hoy llamada Pastoral Social Liberadora.

En Montevideo y en Carmelo

Conocía mucho la vida de Montevideo, donde se integró a las dificultades de un país que estaba prácticamente en guerra entre hermanos, buscando hacer que funcionara la paz en todos los niveles. Se adhirió en completa consonancia a las tareas pastorales de la Iglesia uruguaya, por medio de una íntima amistad con Mons. Mariano Soler, Arzobispo de Montevideo.

Cuando tenía un año y medio de Sacerdocio, recibió la parroquia de la ciudad de Carmelo, en la que descubrió la necesidad de crear instituciones de enseñanza para niños de la ciudad y del campo. Es notable el acta que se exhibe en el archivo parroquial de esa ciudad, de la fundación del Protectorado de la Niñez, de larga existencia. Con Mons. Camacho volvió a tomar actualidad el sentido de ese protectorado, en una Carta Pastoral en defensa de la niñez que él hizo público siendo Obispo.

Con Mons. Soler fundaron a principios de siglo, la Liga de Damas Católicas y la Federación de Jóvenes Católicos del Cordón. En los primeros años de este siglo se dedicó a las actividades de promoción católica entre jóvenes, mayores y niños, hasta que el 5 de julio de 1919 lo tomó el nombramiento pontificio que lo hacía Primer Obispo de la Diócesis de Salto, consagrado el 9 de noviembre de ese año.

Organiza la Diócesis de Salto

La Diócesis de Salto sintió el calor del amor que Mons. Camacho tenía como Pastor de la nueva Diócesis del Uruguay. El Obispo y Pastor de Salto pensó: es necesario tener tiempo suficiente para armar la Diócesis; para ello se rodeó de Sacerdotes que tuvieron su mismo pensamiento y su forma de acción y un equipo de Curia solvente en todos los problemas de la Diócesis que empezaba a caminar.

Necesitaba sacerdotes y, por lo tanto, que creciera el grupo de Seminaristas. Lo que más le preocupó fue el poder agrupar cómodamente a los jóvenes que sentían vocación al Sacerdocio, creando en 1924 el Seminario Menor. Para solucionar los gastos que demandaba esta institución, fundó el año anterior, para toda la Diócesis, la Asociación de la Contribución al Culto. La obra del Seminario y de los seminaristas, en particular, fue la niña de sus ojos y lo siguió siendo en la labor episcopal de su sucesor, Mons. Viola.

Y el tiempo, y el Señor Dueño del tiempo, le dio todo lo que pedía. En veinte años creó más de diez colegios católicos, parroquias y centros cristianos; otras tantas capillas y el aporte de quince nuevas Congregaciones religiosas en la Diócesis.

Necesitaba poner en práctica todas las experiencias e ideas que tenía para desarrollar la acción social dentro de nuestras ciudades y campañas, para lo que se reunión con Mons. Damiani, creador de las Cajas Populares en el Uruguay.

 

Necesitaba tener un laicado fervoroso en la fe y un amor como el suyo en todos los que le rodeaban. Para ello fomentó la difusión de devociones de carácter popular: a la Eucaristía, al Sagrado Corazón de Jesús, a San José, a la Virgen Santísima, a Cristo Rey y a San Miguel Arcángel, patrono de la Diócesis.

Fomentó también la obra de Ejercicios Espirituales para hombres y propulsó a la Acción Católica en la Diócesis con todas sus ramas y niveles en una manera organizada de formar y enviar a los laicos para su tarea en el mundo.

Con todos sus sacerdotes, en 1938 realizó y presidió el primer Sínodo Diocesano que, a la postre, llegó a ser el Primer Sínodo del País.

Erigió el edificio de la Curia Diocesana y en 1925 ofreció a las autoridades y al pueblo de Salto, como homenaje de su patriotismo, la Sede Catedral.

Pastoral Social

Hacia afuera de la Iglesia se preocupó de las empresas que ayuden a la vida social, gremial, ciudadana, de los vecinos que necesitan del aporte económico que puedan ofrecer ciertas instituciones para la economía familiar, principalmente, y para la organización grupal.

Fue así que creó, con Mons. Damiani, Cajas Populares de Créditos y Ahorro y con el P. Horacio Meriggi sdb, las Cooperativas Agrarias y los Sindicatos de Productores Rurales, etc.

Alguna vez dijo Mons. Camacho que nuestras obras dirigidas al servicio de Dios "son también empresas en favor de nuestros hermanos los hombres" y se empeñó en ser el amigo que actualizaba la presencia de Cristo.

Creemos que muchas de las obras que ahora se emprenden con gran ahínco en favor y provecho de los hombres han empezado en la Diócesis mucho tiempo atrás, que no son monopolio del presente sino que se cimentaron en el pasado. La obra de Mons. Camacho nos da la razón.

La caridad de Cristo urge también a los hombres... a todos los hombres. Por eso, cuando Mons. Camacho recorrió su Diócesis (muchas veces) recibió informes y opiniones de sus allegados, se sintió la urgencia de esgrimir los medios e instrumentos que a principios de siglo había utilizado. Con Mons. Damiani presidieron la Acción Social para su Diócesis: fundaron cajas populares en los que se beneficiaba especialmente a los pobres (pequeños depósitos de ahorros y suficientes créditos, cristianizando la mentalidad capitalista). Con el P. Meriggi y otros Sacerdotes más fundaron cooperativas de pequeños productores rurales y sindicatos cristianos alcanzando la exigencia de los obreros. Y fue en el empeño de mejorar la vivienda y la situación de los trabajadores, cuando desde Carmelo escribió su última Carta Pastoral sobre Cooperativas de Viviendas.

Los últimos años

En sus últimos diez años de vida, este incansable luchador por la Fe y el Amor de la Diócesis de Salto dio signos y testimonio de que el espíritu y la meta bien fija superan a las improvisaciones y a los desánimos y a la propia enfermedad de un cuerpo magro. Signos y testimonio que han sido semilla para el presente y el futuro de esta Diócesis. El lema de su escudo episcopal y de su tarea pastoral es La Caridad de Cristo nos apremia.

Y en la urgencia de hacer una Diócesis abocada a las exigencias de su presente, fue el motivo de aceptar todo lo nuevo que se vislumbraba en la Iglesia y en el país, aun con los mayores sacrificios. En este tiempo le preocupó enormemente la formación de seminaristas en Uruguay y en Europa, visitándolos y atendiéndolos muchas veces por medio de su Obispo coadjutor cuando la enfermedad no se lo permitía hacerlo personalmente.

Los Ejercicios Espirituales crearon una nueva corriente de espiritualidad que dieron en el futuro cauce a la Acción Católica. Los Sacerdotes Vallet y Navarro, junto con Mons. Osés fueron dispuestos instrumentos para esta tarea de espiritualidad. En ese tiempo lo encontramos a Mons. Camacho incansable apóstol de la Fe y en el amor como protagonista de una nueva forma de Iglesia.

Siguió recibiendo a sus Sacerdotes venidos de los más lejanos puntos, en las consultas y en las dificultades que surgían a raíz de esa nueva expresión de Iglesia. Con Mons. Viola como sucesor tuvo la idea de renovar el plantel de Curia, adaptándolo a la misma nueva mentalidad.

Su muerte en 1940

Pero el tiempo y la enfermedad avanzaban inexorablemente y él no lo ignoraba, por lo que se entregó enteramente al sacrificio que le pedían y a la oración que lo alimentaba y, en medio de sus dolores, con la misma sonrisa con que lo vimos tratar a los seminaristas y a los jóvenes deportistas, esperó la muerte que llegó el 29 de mayo de 1940 en la propia Curia Diocesana.

Toda la Diócesis, acongojada, lo despidió con lágrimas en los ojos, pero sabiendo que estaba llegando al amor eterno del Padre.

Discreta y silenciosamente es una estrella que ilumina a todos los que en la Diócesis emprenden el camino nuevo, de Cristo para todos.

 

Mons. Ruben Irurueta:
"A cincuenta años de la muerte de Mons. Camacho", 1990.

 

Las necesidades de la nueva Diócesis

Rompe la vista, con claridad meridiana, la escasez de clero y las dificultades con que éste lucha; faltan Iglesias parroquiales y muchas de las que existen apenas si pueden subvenir a las necesidades más apremiantes de la sagrada liturgia; existen en todos los departamentos de nuestra jurisdicción importantes núcleos de población que reclaman con justicia un local adecuado y capaz, una modesta capilla siguiera, donde reunirse con relativa comodidad para cumplir los sagrados deberes que la Religión y la conciencia imponen; es impostergable la creación de escuelas parroquiales para ambos sexos, si no queremos que se paganicen por completo las nuevas generaciones; se impone al mismo tiempo la fundación de escuelas-talleres donde los hijos del pueblo, a la vez que se instruyen, se formen prácticamente para la ruda lucha de la vida diaria; no concluiríamos si quisiéramos enumerar todas esas grandes obligaciones; y nada hemos dicho de las obras de caridad, a que nuestro mismo cargo nos obliga, y no hemos nombrado aún, caso hecho, la más importante de todas, la de mayor urgencia e imprescindible necesidad, el Seminario, cuyo sostenimiento por sí solo absorbería todo el producido de nuestro modesto patrimonio; y, no obstante, ésta es obra de vida o muerte para la Diócesis, como que en ella estriban todas las esperanzas de acrecentamiento para la vida cristiana y los más sagrados intereses de la gloria de Dios y salvación de las almas.

 

 

Cronología

 

1917 Reforma de la Constitución: separación de la Iglesia y del Estado.

 

1919, 1.III Entra en vigencia la nueva Constitución.

 

1919, 4.VII El Papa Benedicto XIV designa a Mons. Juan F. Aragone Arzobispo de Montevideo, a Mons. Tomás G. Camacho, Obispo de Salto y a Mons. José M. Semería Obispo de Melo.

 

1919, 9.IX Consagración episcopal de los nuevos Obispos.

 

1919, 15.XI Mons. Camacho nombra a sus colaboradores inmediatos: Mons. Fernando Damiani, Vicario General y Pbro. Enrique Popelka, Secretario General.

 

1921, 1.I Creación de la Parroquia del Sagrado Corazón (Cerro), Salto.

 

1921, 6.III Inauguración del nuevo edificio del Colegio Salesiano, Salto.

 

1921, 66.XI Se inauguran las obras de la Catedral de Salto.

 

1927, 30.VI Se funda la Asociación de Estudiantes Católicos de Salto.

 

1930, 9.XI Inauguración del Colegio Don Bosco, Paysandú.

 

1934. XI Establecimiento de la Acción Católica.

 

1936. 25.VII Mons. Alfredo Viola, Obispo Coadjutor de Salto.

 

1936. 23.VIII Consagración episcopal de Mons. Viola, Montevideo.

 

1938. 26-28.IV Primer Sínodo Diocesano

 

1940. 29.V Fallece Mons. Camacho.

 

 

Testamento pastoral de Mons. Camacho

Postrado en lecho recuerda a sus hijos

Desde nuestro lecho de dolor, en este día grande de la humanidad, en este día de la contradicción, porque la debilidad y la pobreza salvan al mundo que confía en la fuerza y la riqueza, hemos tenidos para vosotros, colaboradores y fieles muy amados, un recuerdo especialísimo que no podemos, como padre, dejar de comunicaros.

En el recogimiento forzoso de nuestra cámara, hemos pasado revista al año que fenece, y hemos visto y sentido la ola de corrupción y paganismo que trata de sepultarlo todo bajo sus aguas enlodadas y venenosas.

Aspecto malo de la sociedad

Hemos visto a los hombres buscando la riqueza, el placer y los honores a cualquier precio, y hemos constatado que, a veces inconscientemente, ese sentimiento pagano, que Cristo condenó, ha ido apoderándose de muchos cristianos.

Y así, hemos visto que los males sociales del mundo siguen agravándose, a pesar de las leyes, porque éstas carecen ordinariamente de contenido moral, y los hombres buscan su ganancia pingüe sin fijarse si es justa o injusta, y se consigue a costa de su esfuerzo o del ajeno, mal retribuido... Vimos al vicio triunfante, inundándolo todo... Vimos a los hombres buscando las posiciones encumbradas, no con conciencia exacta del deber a cumplir y del sacrificio a realizar, sino para satisfacción de sus propios humanos anhelos y los de sus amigos, y entre tanto la humanidad sufriendo la ignominia y el baldón de leyes tan inmorales, como las hubo después de Cristo, de lo cual nuestra patria tiene viva, dolorosa y terrible experiencia... Quisimos apartar la vista de esos horrores, como si fueran la pesadilla de un febricente, y volvimos los ojos a otra parte...

Contemplamos otro cuadro: hombres que predican el sacrificio y la abnegación de sí mismos, pero no llevados por el ideal evangélico que quiere dar la vida por sus amigos y aún por sus mismos enemigos, sino acicateados por un mal llamado "nacionalismo" o "racismo", esto es, con la exaltación exagerada e idolátrica del sentimiento de Patria, con el fanatismo del "Dios Estado" y con la represión violenta que destruye y aniquila.

El cuadro cambiaba de color, pero terminaba siempre lejos de Dios.

Aspecto bueno y consolador

Buscamos anhelantes otros aspectos del mundo, y os vimos a vosotros, hijos fieles y amados, que lucháis junto a nuestros sacerdotes y a nosotros para manteneros incontaminados en medio de tanto lodo; serenos y tranquilos en medio de tanto confusionismo y desorientación; a vosotros que procuráis seguir a Cristo, despreciado, aprendiendo y practicando el Evangelio, que es negación, sacrificio y amor, no por fines y miras humanas, sino por motivos sobrenaturales y eternos. Y al veros nos sentimos confortados.

Somos pocos, no tanto como muchos creen, pero Dios no vence con el número, sino con su gracia. A Gedeón, con pocos hombres le dio la victoria; y sólo doce apóstoles le bastaron para fundar su Iglesia.

Ved y pensad, cristianos que a veces flaqueáis, cuál es vuestra misión: sois la levadura que ha de transformar al mundo; cuidad que no se corrompa esa levadura y se convierta en ocasión de ruina en vez de origen de salvación.

Por eso venimos a vosotros, fieles muy amados, al terminar un año y comenzar el otro, para pediros que reflexionéis seriamente sobre el pasado y prometáis firmemente para el venidero.

Que ninguno de vosotros se deje absorber por la ola del vicio, de la inmoralidad, del paganismo que invade el mundo. Que todos viváis vida de fe y vida eucarística, único modo de manteneros enhiestos ante el embate de esa ola a que antes aludimos.

Exhortación a la vida cristiana y eucarística

No os extrañéis, pues, si al daros como padre anciano, nuestro saludo de Año Nuevo, os advirtamos:

A vosotros, jóvenes: que luchéis para ser fuertes y abnegados, con esa energía propia de la juventud, pero no por ideales meramente humanos, sino por Dios y para Dios, enrolándoos decididamente en las filas de la Acción Católica y dando a ella todas vuestras energías.

A vosotras, jóvenes: que seáis modelo de virtud y de modestia cristiana, no dejándoos arrastrar por las modas que, con excusa de realzar vuestra belleza, disminuyen y, poco a poco, anulan vuestra virtud y vuestro pudor, convirtiéndoos en piedras de tropiezo y de escándalo para los demás.

A vosotros, padres y madres de familia: que recordéis que vuestro matrimonio no es algo meramente humano, que su fin son los hijos y la gloria que de ellos a Dios deriva, debiendo por tanto respetar la vida de esos hijos que, en una aberración inaudita, más que pagana demoníaca, las costumbres y leyes de nuestra tierra contribuyen a destruir, y cuidar esmeradamente y con escrúpulo su formación moral.

Y a todos: que en la vida cristiana y sobrenatural, en la vida eucarística - que tendrá intensificación extraordinaria en el año próximo en el Congreso Diocesano - encontraréis la fuente de paz interior y de la armonía y caridad exterior que el mundo necesita. Allí, junto al Sagrario, encontraréis todos la solución de vuestros problemas morales; a la luz vacilante de esa lámpara que vela junto al Divino prisionero, las confusiones y los errores desaparecerán, tengan el origen que tengan, si vais con alma sencilla e intención sana a buscar la luz y el consejo.

Acción Católica, Sacerdotes, Seminaristas

Y no podemos terminar estas líneas de padre cariñoso que saluda a sus hijos en fecha tan solemne, sin una palabra especial para quienes se han enrolado ya en las filas de la Acción Católica, y para vosotros sacerdotes muy amados y seminaristas que aspiráis a ser mañana nuestros colaboradores.

Que Dios informe vuestras almas y encienda vuestros corazones para que vuestra vida no tenga nunca miras humanas, sino que sólo viváis para las almas y por las almas para Dios.

Estos son los votos que en nombre propio y en el de nuestro amado Coadjutor, dirigimos a todos nuestros fieles diocesanos, al terminar el año 1937 y comenzar el 1938; Dios los haga una realidad consoladora, haciendo fructificar con abundancia, en cada uno de vosotros, la bendición que a todos os damos amorosamente.

Salto,

25 de Diciembre de 1937