Invitados

Programa Ven y Sígueme

ENTREVISTADO:  Prof. José Luis Guarino

 

Prof. José Luis Guarino en Ven y Sígueme Entrevista en VEN y SÍGUEME desde Salto por Radio María Uruguay al Prof. José Luis Guarino

Con motivo del proceso del Bicentenario de fundación de nuestro País, invitamos al Programa “Ven y Sígueme”, que se transmite los martes entre las 16 a 18 hs. desde  el Decos de Salto, al Prof. José Luis Guarino para hablar sobre la personalidad del Prócer José Artigas desde el punto de vista de sus creencias religiosas y de la práctica de la Religión Católica, tema sobre el cual se ha especializado particularmente y ha publicado algunos escritos.
Inició la entrevista diciendo que, debido a la brevedad del tiempo radial, vamos a hablar de algunos aspectos que no son conocidos o lo son muy poco en cuanto a la personalidad de Artigas, concretamente refiriéndose al Artigas Católico. Las debilidades humanas como en todo ser humano, quizá son más recalcadas que la religiosidad de Artigas y su importantísima ayuda a la Iglesia como institución en el Uruguay, y particularmente la vida de fe durante su exilio en el Paraguay, donde hay muchísimos  documentos sobre la piedad en sus últimos años y las obras de misericordia que llevó a cabo.
 

LA FE CATOLICA DE ARTIGAS

Sobre la vida de fe Católica de Artigas hay una abundante información, desde Zorrilla de San Martín en muchos pasajes de su obra pero especialmente en la “Epopeya  de Artigas” y “En la Religión del Héroe”. Por otra parte el historiógrafo uruguayo Raúl Montero Bustamante, ha dejado invalorable documentación sobre Artigas y la Iglesia . Me parece que hay conceptos que es bueno recordar porque a veces lo que no se repite termina en el olvido. Y quiero también señalar, además de los libros ya citados, uno  de Pedro Gaudiano quien nos ha conmovido con una obra fundamental en este aspecto que se titula “Artigas Católico”. De estos fundamentos y de otros se va a nutrir esta conversación que vamos a tener.
Artigas, negado, ha sido victoriosamente reivindicado sobre todo por Zorrilla de San Martín, y Carlos María Ramírez,  aquel Artigas azotado por la leyenda negra con que se le quiso desdibujar y condenar en la historia, sin suerte por supuesto, porque, a pesar de los pesares, la verdad al fin asoma como la calma después de las tempestades.

NACIDO EN UNA FAMILIA CRISTIANA

Allá está en la vieja Matriz la fuente bautismal donde el agua sacramental inició la vida cristiana de nuestro Caudillo. Afirma Zorrilla que “en los archivos de la Orden Tercera de San Francisco, de Montevideo, he leído la profesión en esa Orden, de los padres de Artigas, la de su hermano y la de su esposa doña Rafaela Villagrán. No he hallado la suya, nos dice, pero sus vinculaciones con la Comunidad Franciscana en cuyo Colegio se educó y la adhesión de esta a su persona y a su causa, son notorias, como lo es el concurso que le prestó el Clero Secular unánime, los Curas sobre todo.” Y leemos en el libro “Artigas Católico” de Pedro Gaudiano: “Artigas nació en un ambiente familiar profundamente cristiano. Su padre Martín José era integrante de la llamada “Hermandad del Santísimo”   e hizo bautizar a su hijo dos días después de su nacimiento, es decir, el 21 de junio que era el día de Corpus. Añadió al nombre de José que tenían algunos de sus antepasados  el nombre de Gervasio, por ser el 19 de junio el día de San Gervasio, que fue martirizado en el siglo Iº junto a su hermano Protasio. Estudió en la Escuela del Convento Franciscano de San Bernardino, donde al parecer fue condiscípulo de Dámaso Antonio Larrañaga, tuvo como maestro, por lo menos a dos Franciscanos, a Fray Juan Garrafales y a Padre Pedro Martínez. Allí se formó también Bartolomé Hidalgo, primer poeta gauchesco.”

 

LOS “CURAS ARTIGUISTAS”

No fue por casualidad que Artigas se rodeó de religiosos, virtuosos  y  sabios, como Larrañaga. Junto al Jefe de los Orientales estuvieron los sacerdotes Santiago

Figueredo, Fray José Benito Lamas, Dámaso Antonio Larrañaga, Valentín  Gómez, Barreiro, Peña, Pérez Castellano, Ortiz, Gomensoro, y tantos otros. Y esto con gran escándalo del Gobernador de Montevideo Vigodet. Podemos leer sus quejas dirigidas al Obispo de Buenos Aires Lue y Riega el 14 de diciembre de 1811, poco después de la Batalla de las Piedras, y precisamente mientras Artigas realizaba el Éxodo. Vigodet para precisar este importante factor, envía la siguiente comunicación como Gobernador de Montevideo que dirige al Obispo de Buenos Aires el 14 de diciembre de 1811, se expresa de esta manera: “Ilustrísimo Señor: en vano sacrificaría mis desvelos para restituir el orden y tranquilidad perdidos en esta Banda Oriental, si los Pastores Eclesiásticos se empeñan en sembrar la cizaña, en enconar los ánimos y alterar el orden, persuadiendo a la rebelión a las leyes patrias”  Afirma Zorrilla de San Martín que “Vigodet denuncia individualmente a los principales culpables: al cura de Canelones, al cura de Colonia, al clérigo Arboleya, a los  curas de Las Víboras, Soriano, San José, San Ramón, al que está en lugar del revolucionario Enrique De la Peña, etc. etc.” El Clero de la época, salvo excepciones, estaba totalmente a  favor de Artigas. E incluso, en nuestra Banda Oriental había existido y existían  los rezagos de una importante labor misionera en Santo Domingo, en la que después fue llamada La Calera de las Huérfanas, había todo un trabajo misionero. No es una novedad en la Banda Oriental que ya había un trabajo anterior de este grupo de Frailes y Curas, y que ya fue estudiado por ejemplo por el que fuera nuestro querido Párroco aquí en la Catedral de Salto, Mons. Ruben Irurueta.
Y agrega Vigodet en su nota: “los religiosos mercedarios  Fray Casimiro Rodríguez y el Maestro Fray Ramón Irrazabal y el dominico Fray José Risso, el primero teniente de San Ramón y el último de Canelones, abandonados a su capricho y locura, obran como los Párrocos a quienes sirven, de modo que las ovejas de la grey, de vuestra señoría ilustrísima, se hayan abandonadas a los lobos carniceros…”
! Y sigue “Sentiría mucho tener que valerme de la autoridad que me conceden las leyes para obrar por mí contra la conducta de unos ministros cuyo decoro quisiera conservar por todos los medios posibles”
Y sin embargo, leamos esta otra misiva del Presbítero Don santiago Figueredo, artiguista por supuesto, Cura de  la Florida, que fue capellán de Artigas en las Piedras: “Excelentísimo Señor, le dice, nada hay más satisfactorio para quien de veras ama a la patria, que haberla servido con desinterés. El sueldo del Capellán castrense del Regimiento de Blandengues y Ejército Oriental con que Ud. me ha honrado, no me es absolutamente necesario para mantenerme. En ese sentido lo cedo íntegro para las necesidades de la patria por el término de un año, reservándome extender la misma, si en lo sucesivo no variasen las circunstancias. Espero que tenga vuestra excelencia la bondad de aceptar esta pequeña demostración de mi  amor a la patria.” Santiago Figueredo.
El Pbro. Don Valentín Gómez, cura de Canelones, humillarlo levanta una suscripción patriótica: su Teniente suscribe 40 doblones y se ofrece como ranchero…¡ como para no denunciar todas estas rebeliones..!
“No ha faltado, sigue diciendo Zorrilla,  quien en presencia de tal hecho haya querido presentar a Artigas no como inspirado, sino como sojuzgado por frailes apóstatas y malvados.
Los nombres de los virtuosos sacerdotes que lo acompañaron: Peña, Larrañaga,  Pérez Castellano, Ortiz, Figueredo, Monterroso, Barreiro, Gómez, y los de todos los curas párrocos del país, sin excepción,  fueron sus entusiastas auxiliares, y protestan contra esta inconsistente invención. Nadie ejerció ni pretendió ejercer influencia política predominante sobre el espíritu de Artigas. Por otra parte eran en Artigas tan naturales y espontáneas esas manifestaciones como los que respondían  con los afectos domésticos con que se confundían.”
Pero volvamos un poco atrás, para notar la importancia que Artigas daba a los religiosos que lo acompañaban y el respeto y la consideración que sentía por ellos. En 1811, terminada la Batalla de Las Piedras, el 18 de mayo, primer triunfo contra los españoles, Artigas ordenó al Capellán Valentín Gómez recoger la espada del vencido Posadas. Más tarde, tanto en el artículo 3º de las Instrucciones como en articulo 2º de la Constitución de la Provincia Oriental, consagra la libertad religiosa en toda su extensión imaginable, así como en el artículo tercero afirma que “la felicidad, prosperidad del pueblo depende esencialmente de la piedad, religión y moralidad de sus habitantes”.

 

ARTIGAS Y LA ADMINISTRACIÓN ECLESIÁSTICA DE LA BANDA ORIENTAL.

Como lo señala en su “Historia Eclesiástica del Uruguay” el insigne don Raúl Montero Bustamante, en 1814, luego de la caída del régimen español y obtenida por Artigas la entrega de la Ciudad de Montevideo detentada hasta entonces por el Gobierno de Buenos Aires, una de las primeras preocupaciones del Jefe de los Orientales fue organizar la Administración Eclesiástica de la Banda Oriental.
Inmediatamente pidió y obtuvo del Obispado de Buenos Aires, para  Dámaso Antonio Larrañaga la calidad de Vicario no solo de Montevideo, y de la Banda Oriental, sino también de Entre Ríos. Ese es el primer cargo que obtiene. El Vicario quedó investido  de todas las facultades y se consagró con celo singular a organizar la Iglesia. Fue su primera preocupación proveer los Curatos vacantes, la guerra había destruido templos, dispersado los pastores, los curatos se hallaban huérfanos algunos, mal atendidos otros. Larrañaga se preocupó siempre con el apoyo de Artigas. No eran por cierto prebendas envidiables aquellos cargos, nos dice Zorrilla. Pero aun con esa pobreza, los curas, con el apoyo de Artigas, pudieron atender espiritualmente a los fieles. El Cabildo, urgido por Artigas, mandó entregar hasta quinientos pesos para reparaciones de los templos.  El 24 de mayo de 1816 el propio Artigas se dirigía al Cabildo para que auxiliase al cura de Las Piedras. El 22 de junio de 1816, a solicitud de Larrañaga, dictó una resolución  de carácter general, sobre fomento de las iglesias, por lo que dispuso que la mitad de los diezmos correspondientes a este año fueran aplicados a beneficios de las iglesias.
Si fue diligente Artigas para concurrir a la reconstrucción y mejora de los templos, no lo fue menos para disponer el levantamiento de iglesias allí donde la formación de nuevas agrupaciones así lo exigieran.

 

LA HISTÓRICA CAPILLA DE PURIFICACIÓN

El Jefe de los Orientales fundó la Villa de Purificación sobre el río Uruguay, e hizo de ella su Cuartel general, se apresuró a dotar a la nueva población de una Capilla para los oficios religiosos, nos narra Raúl Montero Bustamante en su obra ya citada.
”Llamó para servirla, nada menos que a Fray José Benito Lamas y a Fray José Ignacio Otazú, religiosos naturales del país, que a la sazón se encontraban en el Convento de San Francisco de Montevideo. En la nueva Capilla se celebraban los oficios divinos y en la habitación contigua se estableció una escuela de primeras letras a cargo de los capellanes. La tropa, dice De María, asistía de obligación a la celebración de la Misa en los días festivos, enarbolándose en ellos a su frente la bandera tricolor en la plaza pública” La modesta Capilla de Purificación no satisfacía las aspiraciones de Artigas. El propósito del Libertador, sigue diciendo Montero Bustamante,  era erigir en el nuevo pueblo que él había erigido en residencia del poder ejecutivo, un templo de importancia destinado sin dudas para ser cabeza de parroquia. Aspiraba a hacer de Purificación la segunda  ciudad en importancia del país. Montevideo sería la capital y el puerto natural del nuevo estado, pero aquella Villa sería, además del punto estratégico que serviría de atalaya y  defensa de todo el territorio sometido a su influencia, el centro de la dirección de los negocios públicos. De haberse realizado lo proyectado por Artigas, la iglesia de Purificación se hubiera convertido en Parroquia  y tal vez en sede del Vicariato  territorial y de la administración eclesiástica, que más tarde pasó a la Matriz de Montevideo.”

 

LA IGLESIA DE PUEBLO DE LAS VACAS (CARMELO)

Una nueva iglesia tuvo ocasión de erigir Artigas a principios de 1816, continúa historiando Montero Bustamante en su obra ya citada. El vecindario del Pueblo de Las Víboras, solicitó al Gral. Artigas el traslado de la población a un lugar más aparente, en razón del estado de ruina en que se hallaba el pueblo. El Jefe de los Orientales por autos fechado en el Cuartel General de Purificación, el 12 de febrero de 1816, accedió al pedido que se le hacía, dispuso el traslado del pueblo a la costa del Río Uruguay sobre el arroyo Las Vacas refundando allí la Villa con el nombre de Pueblo de las Vacas. Dice Artigas en el auto de erección del nuevo Pueblo “ para la iglesia, se destinará un lugar en la misma Plaza, de u  cuarto de cuadra o más si se hiciese necesario. Dispone también que los escombros y ruinas que se hallaren en la Calera de las Huérfanas, establecimiento que cedió en beneficio del nuevo pueblo, se apliquen a la construcción de la iglesia.” “La Iglesia fue erigida por fin bajo la advocación de la Virgen del Carmen, como lo afirma De María, lo que dio origen al nombre de Carmelo, con que hoy es conocida esa población.”
Yo quisiera subrayar la importancia de Artigas en cuanto a la creación de la Iglesia nacional. Así como él es el fundador de la patria, es también quien influyó para que la iglesia oriental tuviera una estructura eclesiástica independiente,  sometida solamente a la autoridad del Papa. Obtenido esto, la decisión se mantuvo aún durante el tiempo de la Provincia Cisplatina, dice Juan Zorrilla de San Martín, ya que cuando los portugueses invadieron la Banda Oriental en 1817, no tocaron para nada la autoridad de la Iglesia oriental. El Vicario Larrañaga siguió teniendo la representación Pontificia de la Banda Oriental. Ni Portugal ni Brasil pretendieron poner la iglesia uruguaya bajo las respectivas autoridades eclesiásticas suyas.
 De modo que esa independencia de la Iglesia Uruguaya se fue transmitiendo de mano en mano a los sucesivos Vicarios y Obispos hasta nuestros días. Esto es algo que hay que reconocerle también a Artigas, que nos dio no solamente patria, independencia y libertad, sino que también nos dio una iglesia que no estuviera sometida a ninguna otra autoridad eclesiástica de otro país, ni siquiera de América, y solamente sometida a la autoridad del Papa.
 
Sus últimos años
Y para terminar, me parece que hay páginas hermosísimas, emocionantes, que nos relatan vivamente la vida de nuestro  Patriarca en sus últimos años, que son treinta, de destierro voluntario en tierra paraguaya.
Hay algunos acontecimientos que dicen mucho de la fe de ese hombre a quien ya no le preocupa, no voy a decir lo terreno y que se enfoca en lo espiritual, en lo eterno, porque su preocupación por los pobres  sigue, da limosna a pesar de que es pobre, se rodea de pobres, de indios, de negros, dando una lección de eso que hoy es un tema tan de moda y que parece un tema moderno. El no maltrato por razones de raza, de religión, de cultura, no hacer discriminación. Creo que Artigas fue un campeón en ese sentido y su ejemplo en eso brilla a la distancia iluminándonos todavía. Hay un cuadro de valor inapreciable, dice Zorrilla, que ha quedado en la memoria privilegiada de Dermidio de María, con relación al viaje al Paraguay que realizó José María Artigas, el hijo del Prócer, para visitar a su padre en el voluntario exilio.

 

 REZABA TODOS LOS DÍAS EL ROSARIO

¿Qué contó José Maria, el hijo de Artigas, después de su visita al Paraguay?...”que aquellos vecinos de Ibiray, aquellos pobres que tanto quieren y veneran a mi padre,” decía José María, “ se reúnen con él a rezar el Rosario”, porque Artigas rezaba el Rosario. Y los pobres de Ibiray, los negros,  los indios, “ iban a hacer coro con él en la oración, cuando el toque de oración de las campanas distantes llega a ellos desde Asunción.” “Lo vi todos los días”, dice él, “en el mismo sitio, mi padre hacía coro, los demás arrodillados en torno suyo contestaban las oraciones. Muchos de ellos, la mayor parte, rezaban en guaraní. En concluyendo, todos se retiraban a sus casas después de saludar uno a uno con veneración al viejo que entraba a paso lento en su rancho y se acostaba muy temprano y se levantaba con el alba.”
 Narraba José María que aquellos pobres se esmeraban en atenderlo en sus necesidades ofreciéndole aves y frutas.

 

TRADUJO EL “EXODO” AL GUARANÍ

Pedro Gaudiano en su obra ya citada, menciona muchas gestos ejemplares de nuestro Patriarca, algunos de los cuales no quiero pasar por alto. Nos dice, por ejemplo,  que Artigas además de rezar el Rosario, iba a misa a la Recolecta montado en su morito. Y que además, de hombre de oración, era hombre de meditación. Tenía como libro de cabecera “La conversación consigo mismo” del Marqués de Craccioli, un libro de meditación trascendental, que a través de la conversación consigo mismo, lleva a la conversación con Dios.
Y que, además, catequizaba a los niños, y tradujo el libro del Éxodo al guaraní, “porque los niños americanos tienen que saber que pueden elegir entre el cautiverio y el desierto”.

 

PIADOSA MUERTE DEL PROTECTOR DE LOS PUEBLOS LIBRES

Y si piadosa y ejemplar fue su vida, también lo fue su muerte.
 La muerte cristiana del Libertador, como escribe Zorrilla de San Martín.
“Se ha dicho que Artigas falleció repentinamente, dice Zorrilla, también sobre eso puedo deciros la verdad  de lo que allí pasó.
Lo sé por el órgano más fidedigno que pudiéramos desear, es Mons. Bogarín, Obispo de  la Asunción, que en una preciosa carta, cuenta las cosas tal como acontecieron. No era preciso por cierto que el venerable prelado paraguayo me asegurase como me asegura que sus informes son perfectamente fidedignos, su veracidad se reconoce hasta en la solemne sencillez de su palabra. La carta que me envía es esta: “La Srta. Asunción García me ha referido algunos años antes de morir lo siguiente. Cuando la enfermedad de Artigas se agravó manifestó deseos de recibir los últimos sacramentos. Entonces la Sra. Juana Carrillo, esposa de Carlos Antonio López, mandó llamar a un miembro de la familia de la citada Asunción García y le encargó que fuera a preparar el altar para administrar al enfermo el santo viático. Cumplida la orden el Cura Párroco de la Recoleta Pbro.Cornelio Contreras llevó al General su Divina Majestad. En momentos en que el sacerdote iba a administrar el Santo Viático, Artigas quiso levantarse. La encargada del aderezo del altar le dijo que su estado de debilidad le permitía recibir la comunión en la cama. A lo que el General respondió: “ Quiero levantarme para recibir a Su Majestad,” y ayudado por los presentes se levantó y recibió la Comunión, quedando los circundantes edificados de la piedad de aquel gran hombre.
Y, como ella decía, el general después de recibir el Viático había quedado tendido en su catre de tijera y lonjas de cuero.
En la semioscuridad se distinguía el Crucifijo colgado en la pared,  sobre su cabeza blanca, tan blanca como los lienzos del pequeño altar en que brillaban los dos cirios inmóviles. Doña Asunción recordaba también una bandera que estaba al lado  de la cama y que ella decía era la paraguaya; era una tricolor.¿Sería realmente la paraguaya, o franja diagonal? No lo sé; las dos cosas son tricolores.
El silencio se prolongaba, el silencio de la enorme proximidad, las respiraciones se contenían, las miradas estaban concentradas en aquella cara aguileña, no muerta todavía. Artigas que tenía los ojos cerrados, los abrió de pronto desmesuradamente. Causaba espanto. Doña Asunción decía que parecía muy grande. Se incorporó, miró a su alrededor -y ¡mi caballo!, gritó con voz fuerte e imperiosa, - ¡traigan mi caballo!. Y volvió a acostarse.
Los huesos y sin alma quedaron tendidos a lo largo del catre. Y así, dice el Poeta de la Patria, murió tras rápida agonía el Protector de los pueblos Libres, a caballo y en paz.
Al caer de aquella tarde de setiembre de 1850 se terminaba aquel invierno” Esto sobre la cristiana muerte de don José Gervasio Artigas.

Para terminar, agradezco mucho la invitación de Radio María,  y espero que estas pocas palabras contribuyan a mantener encendido ese afecto por nuestro Prócer que nos dio libertad, pero también profundamente religioso nos dejó toda una lección de vida, de piedad y de fe. Por lo cual, todo lo que se diga sobre Artigas, será incompleto, si no se hace referencia a su vida profundamente cristiana.